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Las tierras fueron devastadas por esta planta egoísta que invadió el Nuevo Mundo…”. Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina
No es ninguna novedad que cortar caña de azúcar es uno de los trabajos más duros que existen. Ya era así en tiempos de la colonización americana, cuando los barcos negreros trasladaban al trópico americano la mano de obra de las plantaciones. Siglos después, hay cosas que no han cambiado tanto: en la América Latina de hoy, “el latifundio multiplica los hambrientos pero no los panes”, como escribió Maza Zavala hace cuarenta años.
El repunte de la demanda de azúcar como consecuencia del auge del biodiesel convierte a la caña en uno de los cultivos al alza, que, junto a la soja y pocos productos más, se reparten el pastel de una tierra que, hoy como ayer, vive entre el latifundio y el monocultivo. Cada vez que se expande la frontera de estos cultivos, a menudo gestionados por capital extranjero, decenas, cientos o miles de familias campesinas son expulsadas de sus casas para habitar, casi siempre, las inmensas favelas de las grandes urbes.
En Brasil, el mayor productor de azúcar del mundo, la industria azucarera lleva desde los años 70 anunciando la mecanización del sector; sin embargo, desde entonces la mano de obra no ha hecho más que abaratarse, desincentivando a las empresas a llevar a cabo esa inversión. En ese país, como en la mayoría de las plantaciones del planeta, el pago es por peso recogido, lo que obliga a extenuantes jornadas de trabajo por un sueldo de miseria, que a menudo no sobrepasa el salario mínimo (poco más de 200 euros al mes).
Algunas estimaciones calculan que, para cortar una media de 12 toneladas de caña por día, el trabajador ha de caminar ocho kilómetros, dar 130.000 golpes de poda y perder ocho litros de agua. No extraña entonces que, en muchos casos, los cortadores consuman drogas, como crack y marihuana, para aliviar sus jornadas. Tampoco sorprende que, a los pocos años de trabajar en las plantaciones, desarrollen enfermedades por la dureza del trabajo, la exposición a agrotóxicos y quemas y las nefastas condiciones de higiene y seguridad laboral.
Respuesta:
Las plantaciones de caña de azúcar, hoy como hace siglos, siguen vinculadas al trabajo esclavo, las expropiaciones de tierra y la degradación ambiental.
Explicación:
Gracias, dame coronita pliss <3